Mapeo de la Inversión de Estados Unidos en América Latina y el Caribe
Puntos Clave
- Estados Unidos es y se mantiene como el mayor inversor extranjero en América Latina y el Caribe (ALC): Aunque las inversiones de China en la región acaparan con frecuencia las portadas de los medios, EE. UU. continúa liderando en escala, amplitud y constancia de capital privado.
- Inversión diversificada y de alto valor agregado: La Inversión Extranjera Directa (IED) de EE. UU. promedia los USD 28.700 millones anuales en proyectos Greenfield (nuevas capacidades productivas), concentrados en sectores como energía, infraestructura digital, manufactura avanzada y servicios.
- El capital más productivo en creación de empleo: La IED Greenfield de EE. UU. genera un 65% más de empleos por cada 1.000 millones de dólares invertidos que la inversión de China y un 22% más que la inversión europea.
- Innovación y encadenamiento local: Ningún otro inversor internacional destina una proporción tan alta de su capital a Investigación y Desarrollo (I+D) en la región ni fomenta tanto la integración de proveedores locales e indirectos.
Prólogo
Durante dos décadas, Estados Unidos ha sido el mayor inversor extranjero de América Latina y el Caribe, una relación construida sobre cadenas de suministro manufactureras, asociaciones energéticas y un vínculo comercial en constante profundización. Hoy en día, esa relación se encuentra en un momento definitorio. A medida que la competencia global por el capital se intensifica y los rivales geopolíticos buscan expandir su presencia en la región, comprender hacia dónde ha fluido realmente la inversión estadounidense y qué ha aportado —tanto directa como indirectamente— importa más que nunca.
Con esto en mente, el Adrienne Arsht Latin America Center emprendió este estudio, mapeando dos décadas de datos de inversión de EE. UU. en toda la región para construir una base de evidencia que, hasta ahora, había sido en gran medida pasada por alto en esta conversación y que se espera pueda catalizar la próxima generación de flujos de inversión estadounidense.
Este informe refleja el resultado de ese esfuerzo. Mapea hacia dónde se ha dirigido la inversión de EE. UU., evalúa su impacto positivo en las economías locales y la compara con la inversión de los competidores geopolíticos de Estados Unidos. Para los tomadores de decisiones de EE. UU., ofrece una base adicional para diseñar una diplomacia económica hacia América Latina alineada con el llamado de la Estrategia de Seguridad Nacional a sumar y expandir socios estadounidenses en todo el hemisferio. Para los gobiernos de la región, ofrece las herramientas para reconocer el valor de la inversión estadounidense y los argumentos para actualizar las políticas públicas con el fin de atraer una mayor cantidad de ella. Las empresas que estén evaluando posibles inversiones en ALC deberían utilizar estos hallazgos para reforzar los argumentos a favor de orientar capital hacia la región.
«Esperamos que este informe sirva no solo como base para una formulación de políticas más inteligente, sino también como catalizador para profundizar las alianzas económicas y estratégicas de Estados Unidos en el hemisferio occidental.»
Jason Marczak
Resumen Ejecutivo
Estados Unidos es y sigue siendo el mayor inversor extranjero en América Latina y el Caribe (ALC) según múltiples mediciones. En las últimas dos décadas, ningún otro país se ha acercado a igualar la escala, la amplitud o la constancia del compromiso del sector privado estadounidense en la región. La inversión extranjera directa (IED) de tipo greenfield de EE. UU. promedia los 28.700 millones de dólares al año, con un perfil de inversión heterogéneo que abarca energía, infraestructura digital, manufactura y servicios.
Sin embargo, sobre la base de los intereses de EE. UU. expuestos en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 para sumar y expandir socios en todo el hemisferio, existen brechas en la forma en que la lógica del mercado ha dirigido la inversión estadounidense.
El caso de la minería y la concentración geográfica: La minería es el ejemplo más evidente. La inversión greenfield de EE. UU. en el sector minero de ALC es limitada, alcanzando un promedio de solo 200 millones de dólares al año entre 2020 y 2024, mientras que China invierte veinte veces más en este sector. Además, aproximadamente el 70% de la IED greenfield de EE. UU. desde 2020 ha fluido hacia solo tres economías: México, Brasil y Guyana. Medida en relación con el tamaño de las economías receptoras, la intensidad de la inversión estadounidense ha disminuido en países estratégicamente importantes y ricos en minerales como Argentina, Chile y Perú.
Sin embargo, Costa Rica demuestra que las economías pequeñas con estrategias deliberadas en sectores específicos pueden atraer inversión de EE. UU. a niveles de intensidad que rivalizan con mercados mucho más grandes, ofreciendo un modelo replicable para el resto de la región.
Lo que hace que la inversión estadounidense sea distintivamente valiosa es su calidad. La IED greenfield de EE. UU. genera un 65% más de empleos por cada mil millones de dólares que la inversión china y un 22% más que la inversión europea, lo que la convierte en el capital disponible más productivo en términos de empleo para la región. Más allá de los puestos de trabajo, la concentración única de las empresas estadounidenses en sectores intensivos en conocimiento genera una difusión positiva de la innovación en ALC, y ningún otro inversor extranjero destina una proporción de capital tan alta a la investigación y el desarrollo en la región como Estados Unidos.
Pero no hay lugar para la complacencia. China está ganando terreno sistemáticamente en sectores estratégicamente sensibles. En la manufactura automotriz, China ha alcanzado una paridad efectiva de inversión con Estados Unidos por primera vez. En infraestructura logística, China ha demostrado la capacidad de superar a Estados Unidos cuando se presentan oportunidades, como lo ilustra el Puerto de Chancay en Perú. En minería, China ya lleva una ventaja de veinte a uno. Y en 2025, mientras la IED greenfield de EE. UU. hacia ALC cayó significativamente, una sola empresa china anunció una inversión de 40.000 millones de dólares en centros de datos en Brasil —12.000 millones de dólares más que el promedio anual de EE. UU. en ALC a lo largo de dos décadas—, lo que demuestra la capacidad de China para competir dólar por dólar con la inversión estadounidense en el dominio digital, donde las empresas americanas han sido históricamente más fuertes.
La ventaja en la calidad de la inversión estadounidense es real, pero mantenerla requiere una acción deliberada por parte del gobierno de EE. UU. y de los gobiernos de ALC. El gobierno de EE. UU. debe impulsar políticas para movilizar la inversión estratégica hacia economías desatendidas, incentivar el desarrollo de la cadena de valor de minerales críticos en ALC y proteger el liderazgo de la infraestructura digital estadounidense en el hemisferio. Los gobiernos de ALC, por su parte, deben implementar políticas dirigidas a la atracción de inversiones para captar los flujos que la lógica del mercado por sí sola no dirigirá hacia ellos. La ventana de oportunidad está abierta, pero no permanecerá abierta indefinidamente.
Introducción
América Latina y el Caribe, como región, alberga vastos recursos naturales, una fuerza laboral joven y en crecimiento, y mercados de consumo en expansión. También cuenta con una posición geográfica estratégica; sin embargo, sigue siendo una de las economías con menor rendimiento del mundo en relación con su potencial. Las previsiones de crecimiento regional del Banco Mundial para 2025 proyectan que ALC crecerá a tan solo un 2,3 por ciento, quedando por detrás del África subsahariana, el sur de Asia, y Asia Oriental y el Pacífico. Un obstáculo importante ha sido la inversión que, situada en aproximadamente el 20 por ciento del producto interno bruto (PIB) regional, ha mostrado históricamente y de manera constante un rendimiento inferior al de la mayoría de las regiones en desarrollo desde 1980. Este magro ritmo de crecimiento es un reflejo del potencial no aprovechado en sectores estratégicos.
Para Estados Unidos, la trayectoria económica de América Latina es un asunto de interés nacional. La Estrategia de Seguridad Nacional (NSS, por sus siglas en inglés) de EE. UU. de 2025 lo hace explícito, al señalar que Estados Unidos debe fortalecer las cadenas de suministro críticas en este hemisferio para reducir dependencias y aumentar la resiliencia económica estadounidense, y que los vínculos creados entre Estados Unidos y sus socios serán mutuamente beneficiosos. El compromiso económico de EE. UU. en forma de inversión también puede ayudar a cerrar la brecha de inversión histórica de ALC. En términos prácticos, esto significa que el desarrollo económico de América Latina y la salud de los flujos de inversión estadounidense hacia ella son inseparables de los intereses estratégicos de EE. UU. a nivel interno e internacional.
Sin embargo, a pesar de todo el peso que estos lazos otorgan a la inversión estadounidense en la región, existe una brecha sorprendente en nuestra comprensión sobre ella. Durante la última década, académicos, centros de pensamiento (think tanks) y formuladores de políticas han desarrollado un sofisticado cuerpo de investigación sobre los patrones de inversión de China en América Latina y el Caribe, documentando sus canales, concentración sectorial, estructuras de financiamiento e implicaciones geopolíticas. No se puede decir lo mismo de la inversión de EE. UU. Existe poco análisis sistemático sobre hacia dónde ha fluido el capital estadounidense en la región, qué sectores ha priorizado y qué impacto ha generado. Sin esta comprensión, resulta difícil para los tomadores de decisiones de EE. UU. evaluar qué políticas están funcionando, dónde existen brechas y cómo diseñar estrategias más efectivas de cara al futuro.
La brecha de conocimiento importa por igual del lado latinoamericano. Los gobiernos regionales que buscan atraer y aprovechar la inversión extranjera necesitan un panorama claro de cómo se ha estructurado la inversión de EE. UU. a lo largo de dos décadas (específicamente entre 2003 y 2025), qué sectores se han beneficiado y cuáles han sido omitidos. Ese conocimiento es fundamental para diseñar políticas de promoción de inversiones, marcos regulatorios y estrategias de relacionamiento bilateral más inteligentes.
El marco analítico de esta evaluación se basa en la Iniciativa sobre Calidades de la IED de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la cual ha producido la evidencia más rigurosa disponible sobre el impacto del desarrollo de la inversión extranjera en ALC, con especial énfasis en los inversores de la Unión Europea. En la segunda parte, este informe aplica un enfoque comparable a la inversión de EE. UU., utilizando datos originales de IED greenfield a nivel de proyecto para evaluar las mismas dimensiones de la calidad de la inversión: generación de empleo, encadenamientos productivos y difusión de la innovación. Además, se nutre de nuestro propio análisis de transacciones individuales de IED y de consultas con expertos en atracción de inversiones.
El panorama general: mapeo de la inversión de EE. UU. en América Latina y el Caribe
Canales de inversión y metodología
La inversión extranjera directa fluye a través de tres canales principales: la IED greenfield, que crea nueva capacidad productiva mediante la construcción de instalaciones o ampliaciones; las fusiones y adquisiciones, que transfieren la propiedad de activos existentes; y las utilidades reinvertidas, mediante las cuales las ganancias de operaciones extranjeras previas se reinvierten a nivel local. De los tres, la IED greenfield es la que se asocia más directamente con la formación de nuevo capital, la creación de empleo y la transferencia de tecnología, lo que la convierte en la medida más informativa sobre hacia dónde se dirige la nueva inversión productiva de Estados Unidos. Los datos de fusiones y adquisiciones capturan cambios de propiedad en lugar de nueva capacidad, y las utilidades reinvertidas, aunque de volumen significativo, son difíciles de rastrear de manera constante entre países debido a que las estadísticas oficiales las miden de forma heterogénea.
Nota sobre la Fuente de Datos
Este informe se basa en la base de datos fDi Markets del Financial Times, la cual rastrea los compromisos de proyectos anunciados con detalles consistentes sobre el país de origen, país de destino, sector, gasto de capital y empleos creados. Dado que fDi Markets registra anuncios en lugar de desembolsos reales de capital, mide los flujos de IED esperados y no los ejecutados. Sin embargo, su nivel de detalle proyecto por proyecto permite realizar comparaciones interpaís y intersectoriales que las estadísticas oficiales de IED no posibilitan.
A lo largo del análisis, la categoría ALC abarca individualmente a Brasil, México, Argentina, Chile, Colombia y Perú (ALC 6), junto con Centroamérica, la República Dominicana y el Caribe como bloques regionales. Guyana se analiza de forma independiente, dado que sus cifras de inversión impulsadas por el sector petrolero son analíticamente distintas y, de otro modo, distorsionarían los agregados regionales más amplios.
Comportamiento y Evolución de los Flujos de Capital
La inversión greenfield de EE. UU. en América Latina y el Caribe ha sido la más grande proveniente de un solo país durante las últimas dos décadas, con un promedio de 28.700 millones de dólares anuales entre 2003 y 2025; una posición que ninguna otra nación ha estado cerca de desplazar[cite: 1].
La trayectoria no ha sido de un crecimiento lineal. Los flujos de IED greenfield de EE. UU. han sido volátiles año tras año, moldeados por los ciclos globales de las materias primas, las crisis financieras y el cambio en las prioridades sectoriales. Sin embargo, el periodo pospandemia marca una aceleración evidente. Entre 2020 y 2025, la inversión estadounidense promedió 32.900 millones de dólares anuales en dólares constantes de 2025, cifra muy superior al promedio de largo plazo de las dos décadas anteriores.
Estos incrementos fueron impulsados por importantes compromisos en proyectos energéticos, anuncios de manufactura automotriz vinculados al T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá) y una aceleración en las inversiones en centros de datos por parte de grandes operadores tecnológicos estadounidenses (*hyperscalers*) a lo largo de toda la región.
En comparación, China ha sido el país con el crecimiento más rápido partiendo de la base más pequeña. En la mayoría de los años previos a 2019, la inversión china se mantuvo constantemente por debajo de los 7.000 millones de dólares. Su trayectoria pospandemia es particularmente notable: pasó de 4.000 millones de dólares en 2020 a 20.300 millones en 2023, antes de moderarse a 8.800 millones de dólares en 2024, lo que representa un aumento promedio del 70% anual entre 2020 y 2025.
Sin embargo, los datos de 2025 introducen una cifra atípica significativa: China registró 46.000 millones de dólares ese año, impulsados casi en su totalidad por el anuncio de ByteDance (empresa matriz de TikTok) de una inversión de 40.000 millones de dólares en un centro de datos en Brasil. Este único proyecto representa la gran mayoría del total de China en 2025 y debe interpretarse como un compromiso excepcional y no como evidencia de un cambio estructural amplio en los patrones de inversión chinos. En ese mismo año, la IED greenfield de EE. UU. cayó a 19.300 millones de dólares, una disminución que probablemente refleja la incertidumbre de las empresas estadounidenses al navegar nuevas políticas arancelarias.
Por lo tanto, sigue siendo evidente que el capital privado estadounidense ha sido y continúa siendo la fuerza dominante en la inversión extranjera greenfield en toda la región. No obstante, la IED greenfield de China casi se ha triplicado desde 2020, y las grandes empresas chinas han demostrado capacidad para igualar y superar a la inversión estadounidense en la región de ALC.
Para los tomadores de decisiones de EE. UU., esta trayectoria es tanto una validación como una advertencia: el capital privado estadounidense ha mantenido su terreno como la fuerza dominante en la inversión en ALC, pero la presión competitiva de las firmas chinas en sectores estratégicamente importantes sigue creciendo. Para los gobiernos de América Latina y el Caribe, esto señala que el abanico de capital extranjero disponible se está diversificando, lo que hace aún más crucial entender exactamente qué ofrece de manera específica la inversión estadounidense.
Figura 1: Inversión Extranjera Directa (IED) greenfield anunciada hacia América Latina y el Caribe por origen del inversor (2003–2025)
Promedio anual de flujos de capital en miles de millones de USD constantes de 2025
Distribución Geográfica de la Inversión
La distribución geográfica de la IED greenfield de EE. UU. sigue una lógica clara (véase la figura 2). En números absolutos, tan solo México y Brasil absorbieron el 63 por ciento de toda la IED greenfield estadounidense desde 2003, y si se añade a Guyana, esa cifra alcanza aproximadamente el 70 por ciento, lo que representa una concentración significativa de los flujos de inversión.
Brasil y México atraen inversión orientada a la búsqueda de mercados y, en el caso de México, inversión orientada a la búsqueda de eficiencia, impulsada por el tamaño del mercado, el poder adquisitivo, la proximidad geográfica con Estados Unidos y las garantías del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Por su parte, Guyana atrae inversión orientada a la búsqueda de recursos, ya que los hallazgos petroleros en sus aguas territoriales (offshore) han atraído importantes compromisos energéticos de EE. UU. que superan por mucho el tamaño de la economía de ese país.
El capital privado estadounidense, en términos absolutos, se dirige hacia donde la lógica del mercado lo orienta, y esa lógica lo concentra en grandes mercados y en economías ricas en recursos estratégicos.
La pregunta estratégica para Washington es si ese resultado resulta suficiente para alcanzar el objetivo de la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de profundizar las alianzas y sumar socios en todo el hemisferio, o si los instrumentos gubernamentales deben complementar los flujos de capital privado para llegar a países que los mercados, por sí solos, no priorizarán.
Figura 2: Distribución geográfica de la Inversión Extranjera Directa (IED) greenfield de EE. UU. en América Latina y el Caribe (2003–2025)
Concentración del capital acumulado por país/región de destino y lógica de inversión dominante
Intensidad de la Inversión en Relación con el PIB
Medir la inversión estadounidense en relación con el tamaño de las economías receptoras ofrece un panorama más completo (véase la figura 3). Durante la última década, dejando de lado el caso atípico de Guyana impulsado por el petróleo, Costa Rica recibió inversión greenfield de EE. UU. equivalente al 0,99% de su PIB anualmente entre 2016 y 2025, la más alta de la región, seguida por México con un 0,79%.
Sin embargo, para varias economías estratégicamente relevantes, la IED greenfield de EE. UU. ha ido perdiendo peso con el tiempo dentro de sus economías generales. Países ricos en recursos naturales como Perú registraron la caída más evidente entre ambas décadas, mientras que Argentina y Chile lo hicieron en menor medida. El propio Brasil, a pesar de sus volúmenes absolutos, recibió una inversión equivalente a solo el 0,27% de su PIB, por debajo del promedio regional de América Latina y el Caribe, que se ubica en un 0,48%.
Lecciones Clave de Política Pública
Para los gobiernos de América Latina y el Caribe, el caso de Costa Rica demuestra que las estrategias sectoriales deliberadas —y no el tamaño de la economía— determinan la intensidad de la inversión. Costa Rica ejecutó una política industrial consciente y proyectada a décadas, diseñada para atraer manufactura estadounidense de alto valor agregado (principalmente dispositivos médicos). Las economías más pequeñas que construyen las condiciones adecuadas pueden atraer inversión de EE. UU. a escalas económicamente significativas.
Para Washington, el panorama ponderado por el PIB plantea una preocupación distinta: varios países estratégicamente relevantes para los intereses hemisféricos de EE. UU., como Perú, Chile y Argentina, están recibiendo niveles de inversión privada estadounidense que se sitúan muy por debajo de lo que su importancia estratégica justificaría, lo que señala una brecha que la lógica del mercado por sí sola difícilmente logrará cerrar.
Figura 3: Intensidad de la IED greenfield de EE. UU. como porcentaje del PIB por país (Promedio anual 2016–2025)
Análisis ponderado de la inversión privada recibida en relación con el tamaño de las economías de destino (Excluyendo el caso atípico de Guyana)
Cambios Sectoriales en los Flujos de Inversión de EE. UU.
Las empresas estadounidenses invierten en una amplia variedad de sectores en América Latina y el Caribe, produciendo un perfil de inversión heterogéneo que, sin embargo, ha experimentado transformaciones importantes a lo largo de las últimas dos décadas (véase la figura 4).
El sector energético ha protagonizado la transformación más drástica. Durante la mayor parte de las décadas de 2000 y principios de 2010, la inversión en energía promedió alrededor de USD 6.000 millones anuales. A partir de 2019, se aceleró de manera pronunciada, duplicándose hasta alcanzar un promedio de USD 12.600 millones entre 2020 y 2024, y registrando un pico de USD 18.900 millones en 2024. Este repunte refleja una concentración de compromisos a gran escala en petróleo y gas, particularmente en Guyana, así como una creciente inversión en energías renovables en Brasil y México. La energía pasó de ser un sector secundario a convertirse en el principal motor de nuevo capital estadounidense en la región.
La trayectoria ascendente de la inversión digital ha sido más gradual. Desde aproximadamente USD 4.000 millones al año a mediados de la década de 2000, creció de manera constante hasta promediar USD 8.500 millones entre 2020 y 2024, alcanzando los USD 10.400 millones en 2024. Esto responde a la aceleración de compromisos en centros de datos e infraestructura en la nube por parte de grandes operadores de tecnología (*hyperscalers*) estadounidenses como Microsoft y Amazon Web Services a lo largo de la región.
En conjunto, la energía y el sector digital definen hoy la vanguardia de la nueva inversión de EE. UU. en ALC. Sin embargo, como se analizará más adelante, esta concentración, aunque significativa en términos de capital, no ha desplazado a la manufactura y los servicios como los principales generadores de empleo de EE. UU. en ALC, ya que esos sectores siguen siendo considerablemente más intensivos en mano de obra por dólar invertido.
La manufactura fue el sector dominante a finales de la década de 2000 y principios de 2010, alcanzando un pico de USD 18.500 millones en 2010 antes de entrar en una larga disminución estructural. El promedio entre 2020 y 2024 fue de USD 8.100 millones anuales, lo que representa una caída del 34% en comparación con el promedio del periodo anterior. Esta desaceleración se ha concentrado en la industria automotriz, mientras que los sectores de alimentos y bebidas y dispositivos médicos se han mantenido relativamente estables. Esto refleja una menor velocidad en la llegada de nuevos proyectos de manufactura y no una retirada de las operaciones existentes: las fábricas construidas en años anteriores continúan produciendo y empleando trabajadores independientemente de que se anuncien o no nuevos proyectos de capital.
Los servicios se han mantenido constantes a lo largo del periodo, con una leve disminución desde un promedio de USD 4.600 millones entre 2005 y 2009 a un promedio de USD 3.900 millones entre 2020 y 2024. Por su parte, a pesar de su importancia estratégica, la minería sigue siendo el macrosector más insignificante durante todo el periodo analizado.
Balance de la Diversificación Sectorial
Lo que convierte a Estados Unidos en el mayor inversor extranjero en ALC es precisamente la amplitud y diversidad de sus inversiones entre sectores a lo largo del tiempo. Aunque el giro reciente hacia anuncios energéticos y digitales es coherente con las prioridades de seguridad nacional en esas áreas, la desaceleración en la manufactura y la minería plantea interrogantes sobre si el capital privado estadounidense está fluyendo con la intensidad necesaria hacia los sectores más críticos para la seguridad de las cadenas de suministro en el hemisferio.
Figura 4: Evolución de los flujos anuales de IED greenfield de EE. UU. por sector clave (2003–2024/2025)
Comparativa del promedio anual reciente (2020–2024) y picos históricos por macrosector (en miles de millones de USD)
Las Trayectorias y Flujos de la Inversión de EE. UU. y China
Al comparar el giro estratégico de Estados Unidos con la postura de inversión de China —su principal competidor geopolítico—, se observa a dos inversores que siguen trayectorias similares en términos de los países que priorizan (véase la figura 5). Sin embargo, esta similitud desaparece al analizar la composición sectorial y el volumen de la IED greenfield (véase la figura 6).
De manera muy parecida a Estados Unidos, los flujos de IED greenfield de China se dirigen a las mayores economías de América Latina y el Caribe: Brasil ha sido el receptor más constante durante las últimas dos décadas y, aunque México recibió muy poco durante los primeros años del periodo analizado, ha atraído una inversión sólida y sostenida desde 2020.
El Factor Diferenciador del Capital Chino
Lo que distingue el perfil de inversión de China en la región (en comparación con el perfil estadounidense) es la importante contribución que representan los países ricos en minerales como Perú y Argentina. Esta diferencia también se refleja de manera directa en la distribución sectorial y en los volúmenes globales de la inversión china.
Figura 5: Comparativa de destinos prioritarios de la IED greenfield: Estados Unidos vs. China (2003–2025)
Distribución porcentual del capital acumulado por principales países receptores en América Latina y el Caribe
Comportamiento y Aceleración de la Inversión China en ALC
La IED greenfield de China en América Latina y el Caribe fue modesta y relativamente estable durante la mayor parte de la década de 2000 y principios de la de 2010, promediando apenas USD 1.500 millones anuales en todos los sectores entre 2005 y 2012. La aceleración posterior a 2020 representa el rasgo definitorio de la historia de inversión de China en la región: el promedio móvil total casi se triplicó, pasando de USD 5.500 millones en 2020 a USD 13.100 millones para 2024. Dentro de este repunte, dos sectores impulsan casi la totalidad del crecimiento.
La minería experimentó un aumento drástico, pasando de un promedio de USD 1.400 millones anuales entre 2005 y 2012 a USD 2.900 millones entre 2020 y 2024, alcanzando un pico de USD 5.700 millones (en promedio móvil) en 2023. Esta es la manifestación más clara de la estrategia china orientada a la búsqueda de recursos en ALC. La manufactura también creció significativamente, pasando de USD 1.300 millones anuales entre 2005 y 2012 a USD 3.400 millones entre 2020 y 2024, momento en el que alcanzó los USD 5.200 millones. La inversión automotriz impulsó este crecimiento, particularmente a medida que los fabricantes chinos de vehículos eléctricos (VE) expandieron su capacidad instalada en Brasil y México.
Un punto que requiere un seguimiento atento es el posible cambio en la estrategia de inversión de China. En 2025, ByteDance anunció una inversión de USD 40.000 millones en centros de datos en Brasil, convirtiendo al sector digital en el más grande para China en ALC durante ese año. Si esto responde a una elección estratégica deliberada por parte de las empresas tecnológicas chinas para construir infraestructura digital a gran escala en ALC, podría señalar una reorientación genuina del perfil de inversión de China hacia el dominio digital, donde las empresas estadounidenses han sido históricamente más fuertes.
En el sector manufacturero, las trayectorias de inversión de EE. UU. y China en ALC han convergido drásticamente. La inversión manufacturera estadounidense (en promedio móvil) cayó un 34% respecto a su promedio del periodo anterior. Durante el mismo lapso, la manufactura china creció un 166%, impulsada principalmente por sus fabricantes de vehículos eléctricos.
Mientras tanto, la inversión minera china pasó de un promedio móvil de USD 1.400 millones anuales entre 2005 y 2012 a USD 2.900 millones entre 2020 y 2024, alcanzando un pico de USD 5.700 millones en 2023. En contraste, la inversión minera de EE. UU. nunca ha superado los USD 500 millones (en promedio móvil) en ningún año de todo el periodo, promediando apenas USD 200 millones entre 2020 y 2024; una cifra más de veinte veces inferior al nivel alcanzado por China en los mismos años.
La Brecha entre la Retórica Estratégica y el Despliegue de Capital
En un momento en que Estados Unidos aboga explícitamente por fortalecer las cadenas de suministro críticas en el hemisferio, la brecha entre la retórica estratégica y el despliegue real de capital en la riqueza mineral de ALC debe ser un llamado a la acción. Washington necesita los minerales que alberga ALC, y los gobiernos de la región necesitan el capital y la tecnología para desarrollarlos de manera responsable; sin embargo, los flujos de inversión privada estadounidense en el sector han seguido siendo marginales mientras que los de China se han disparado. Es una brecha que no sirve ni a los intereses de EE. UU. ni a los de ALC, y que políticas bien diseñadas por ambas partes podrían cerrar.
Figura 6: Comparativa sectorial de IED greenfield: Estados Unidos vs. China en ALC (Promedios 2020–2024/2025)
Volumen de capital anual por macrosector estratégico (en miles de millones de USD)
Análisis Detallado por Subsectores: EE. UU. vs. China
Comparar a estas potencias económicas a través de sus subsectores permite una evaluación más matizada. En la manufactura de transporte no automotriz (que abarca ferrocarriles, barcos y aeronaves), China pasó de una presencia casi nula durante la mayor parte de la década de 2000 a superar brevemente la inversión estadounidense entre 2021 y 2023, cuando su promedio móvil alcanzó los USD 194 millones, más del triple del promedio de EE. UU., que se situó en USD 63 millones. Para 2024, sus respectivos niveles de inversión en este sector eran prácticamente iguales. Aunque este subsector sigue siendo pequeño en términos absolutos en comparación con los segmentos automotriz o minero, el cambio de rumbo es notable: un dominio en el que antes EE. UU. no tenía competencia ahora refleja una presencia competitiva de China.
La ilustración más clara de cómo China ha cerrado la brecha competitiva se da en el sector automotriz, donde una ventaja estadounidense de más de cuatro a uno sobre China a mediados de la década de 2000 (con EE. UU. promediando USD 2.700 millones anuales en términos de promedio móvil) se transformó en una paridad efectiva en 2024, con un promedio móvil de China de USD 2.600 millones frente a los USD 2.500 millones de EE. UU.
En transporte y almacenamiento, incluyendo inversiones en puertos y aeropuertos, Estados Unidos mantuvo una posición indiscutible hasta 2018 frente a una inversión china casi nula. A partir de 2019, China repuntó hasta alcanzar un promedio móvil de USD 1.700 millones en 2020, superando brevemente a Estados Unidos antes de moderarse. Este episodio demuestra que China cuenta tanto con el capital como con la intención estratégica para construir presencia logística en la región cuando las oportunidades se alinean; una dinámica que se expresa con mayor claridad en el Puerto de Chancay en Perú, donde la empresa estatal china COSCO Shipping construyó un megaproyecto portuario de USD 3.500 millones.
Llamado a la Vigilancia Estratégica en Washington
En la medida en que los tomadores de decisiones de EE. UU. deseen incrementar su huella estratégica en América Latina, deben vigilar de cerca dónde está ganando terreno China en subsectores estratégicos como ferrocarriles, puertos, aeropuertos, minería y manufactura automotriz a lo largo de ALC, y considerar el diseño de incentivos para movilizar la inversión estadounidense hacia estas áreas.
Las Ventajas Estructurales de Estados Unidos
Por supuesto, no todos los subsectores han registrado tales avances de China frente a la inversión estadounidense. Estados Unidos, por ejemplo, mantiene ventajas abrumadoras en subsectores intensivos en mano de obra y en conocimiento, los cuales generan los mayores efectos indirectos en empleo e innovación. Por ejemplo, sigue siendo dominante en subsectores intensivos en trabajo como alimentos y bebidas y turismo, así como en subsectores intensivos en conocimiento como software y servicios TI, servicios financieros y servicios empresariales.
Evaluación del Impacto de la Inversión de EE. UU. en ALC
Una vez establecido hacia dónde fluye la inversión de EE. UU. y cómo se compara con la de otro inversor de gran relevancia, la pregunta de mayor trascendencia para los gobiernos de América Latina y el Caribe es qué produce realmente esa inversión sobre el terreno.
Enfoque de la Evaluación de Impacto
La evaluación de impacto en esta sección combina dos enfoques. Donde resulta posible, recurre a datos de IED greenfield para cuantificar los efectos en empleo, capital y dinámicas sectoriales de la inversión estadounidense en ALC. Esto se complementa con ejemplos de empresas estadounidenses que operan en la región, los cuales ilustran los mecanismos prácticos sobre el terreno detrás de esas cifras agregadas. Los estudios de caso se basan en los informes propios de las empresas sobre sus actividades e impactos.
1. Impacto en el Empleo y la Calidad del Trabajo
La inversión extranjera directa —independientemente de su origen— ha generado aproximadamente 5,5 millones de empleos directos en ALC en las últimas dos décadas, lo que constituye el 4% del empleo formal en la región.
En lo que respecta a los mayores contribuyentes a la creación de empleo mediante IED greenfield, las empresas de la Unión Europea y de Estados Unidos sobresalen como los principales creadores extranjeros de empleo en ALC (véase la figura 7). Las empresas estadounidenses han creado 1,47 millones de empleos desde 2006, mientras que las firmas de la UE crearon 1,5 millones de empleos a través de IED greenfield.
De manera significativa, en la última década la inversión de EE. UU. generó un 15% más de empleos en ALC que en la década anterior. Por su parte, aunque distante de los niveles de creación de empleo de la UE y EE. UU. en términos absolutos, la contribución de China a la generación de empleo aumentó un 132% entre ambos periodos analíticos, reflejando su notable incremento en IED greenfield.
Figura 7: Generación acumulada de empleos directos por IED greenfield en América Latina y el Caribe (Desde 2006)
Comparativa total de empleo formal creado según la región/país de origen del inversor
Intensidad de Empleo y Motores del Trabajo Formal
Más allá del número total de empleos generados, una medida útil del impacto del empleo de la IED es la intensidad de empleo: el número de empleos creados por cada mil millones de dólares invertidos (véase la figura 8)[cite: 1]. Aquí es donde la inversión estadounidense se destaca más claramente[cite: 1]. Entre 2016 y 2025, la IED greenfield de EE. UU. generó aproximadamente 3.091 empleos por cada mil millones de dólares invertidos en ALC: un 22 por ciento más de empleos por mil millones de USD que la inversión de la UE, y un 65 por ciento más de empleos por mil millones de USD que la inversión china[cite: 1].
Esta posición resulta de la escala pura de su IED greenfield en ALC y de una combinación sectorial ponderada hacia actividades intensivas en mano de obra[cite: 1]. Si bien la energía y la infraestructura digital concentran ahora la mayor parte del capital de EE. UU. en la región, la manufactura y los servicios siguen siendo los motores principales del empleo estadounidense en ALC, generando más del 80 por ciento de los empleos vinculados a EE. UU. a pesar de representar solo el 62 por ciento del capital desplegado[cite: 1].
Dentro de la manufactura, el sector automotriz y el de alimentos y bebidas son los mayores contribuyentes al empleo[cite: 1]. Dentro de los servicios, EE. UU. invierte proporcionalmente más que otros inversores extranjeros en software, servicios empresariales y comercio al por menor (retail), subsectores que generan sustancialmente más empleos por dólar[cite: 1].
Lazos de Empleo Privado en la Región
Dos de los tres mayores empleadores privados de América Latina también están directamente vinculados al capital estadounidense: FEMSA, un operador masivo de bebidas y retail y embotellador de The Coca-Cola Company en la región, así como Walmart de México y Centroamérica (Walmex), el minorista más grande de México.
Figura 8: Intensidad de empleo por IED greenfield: Promedio de puestos de trabajo generados por cada $1.000 millones de USD invertidos (2016–2025)
Comparativa de la eficiencia en creación de puestos de trabajo directos según el origen del capital
2. Impacto en la productividad y los encadenamientos de la cadena de valor
Así como la IED puede desempeñar un papel crucial en la creación de empleo, también contribuye a la productividad y a los encadenamientos de la cadena de valor. La evidencia de la OCDE en una amplia gama de países de ALC muestra que las empresas extranjeras tienden a ser más productivas que sus contrapartes nacionales. De hecho, en veinticuatro de las treinta y una economías de ALC, las empresas extranjeras tienen un mayor valor agregado por empleado en comparación con las empresas nacionales. Estas ganancias de productividad se producen a través de la difusión de conocimientos, los encadenamientos de la cadena de suministro y una mayor competitividad. Sin embargo, un factor determinante clave es el enfoque sectorial de la inversión extranjera. Los sectores intensivos en capital como la energía o la minería son más productivos, sin embargo, la IED en estos sectores tiende a buscar recursos, lo que significa que las empresas extranjeras a menudo operan con una integración limitada en las cadenas de suministro locales.
La manufactura, a pesar de exhibir una menor productividad laboral promedio, ofrece un potencial sustancialmente mayor para encadenamientos productivos. La IED en manufactura generalmente busca eficiencia y está integrada dentro de las cadenas de valor globales (CVG), creando oportunidades más sólidas para la difusión de tecnología, el desarrollo de proveedores y la modernización de las empresas locales. El sector de vehículos de motor ilustra esta dinámica claramente: es la mayor fuente individual de empleo relacionado con la IED en ALC y está fuertemente concentrado en México, donde empresas estadounidenses como General Motors y Ford han construido profundas redes de proveedores locales durante décadas.
Esta distinción importa al evaluar la inversión estadounidense. Como se mostró en la sección anterior, la inversión estadounidense se ha desacelerado en la manufactura durante la última década, mientras se expande en energía e infraestructura digital. Desde una perspectiva de encadenamientos productivos, este cambio conlleva un costo porque los sectores que están ganando la mayor proporción de capital estadounidense son precisamente aquellos con el potencial más débil de generar efectos indirectos (spillovers) hacia las empresas nacionales, mientras que el sector con el mayor potencial de integración en las CVG ha visto al capital estadounidense disminuir tanto en términos relativos como absolutos.
La excepción son los servicios digitales: los operadores a gran escala (hyperscalers) estadounidenses que invierten en centros de datos e infraestructura en la nube están comenzando a generar nuevas formas de encadenamiento productivo a través del acceso a plataformas, ecosistemas de desarrolladores y demanda de habilidades que no estaban presentes en décadas anteriores. Los ejemplos incluyen las inversiones multimillonarias de Microsoft y Amazon Web Services en centros de datos e infraestructura en la nube en Chile, Brasil o México, que permiten a las empresas nacionales integrarse en las cadenas de valor digitales.
La Nueva Frontera de la Integración Digital
Para los gobiernos de ALC, las inversiones en infraestructura digital de los hyperscalers estadounidenses representan una nueva frontera de encadenamiento productivo, una que opera a través del acceso a plataformas y ecosistemas de habilidades en lugar de cadenas de suministro físicas. Para Washington, representan la extensión del liderazgo tecnológico estadounidense hacia la infraestructura digital del hemisferio, con implicaciones estratégicas que se extienden mucho más allá de los retornos comerciales para las empresas individuales.
3. Impacto en la innovación y la transferencia de conocimientos
Una tercera dimensión de la calidad de la inversión estadounidense se refiere a su contribución a la innovación y la transferencia de conocimientos en ALC. La IED puede impulsar la innovación no solo dentro de las propias empresas extranjeras sino en toda la economía en general, introduciendo nuevos productos y procesos, transfiriendo conocimientos técnicos y de gestión (know-how), y estimulando la actividad local de Investigación y Desarrollo (I+D). La evidencia de ALC sugiere que las empresas extranjeras son sustancialmente más innovadoras que sus contrapartes nacionales. Según los Indicadores de Cualidades de la IED de la OCDE, en veinticuatro de treinta y un países de ALC, las empresas extranjeras tienen más probabilidades de introducir nuevos productos, y en veinticinco de treinta y uno, tienen más probabilidades de invertir en I+D.
Dentro de este panorama, la inversión estadounidense ocupa una posición distintiva. Su IED greenfield en ALC se concentra en sectores intensivos en tecnología y conocimiento, abarcando la manufactura de alta tecnología como productos farmacéuticos y electrónica, industrias de tecnología media-alta como vehículos de motor y productos químicos, y servicios intensivos en conocimiento de alta tecnología que incluyen tecnología digital y de la información y comunicación.
En la última década, Estados Unidos fue el principal inversor en manufactura de alta tecnología, representando el 32 por ciento de la IED greenfield en ese segmento. En los servicios intensivos en conocimiento de alta tecnología, la participación de EE. UU. fue más pronunciada con un 49 por ciento —casi el doble del 22 por ciento de la UE— y su participación en esta categoría creció en 21 puntos porcentuales en comparación con la década anterior. Por lo tanto, la inversión estadounidense no solo está presente en los segmentos más intensivos en conocimiento de la estructura productiva de ALC, sino que es cada vez más dominante en ellos.
El posicionamiento de la inversión estadounidense en la cadena de valor refuerza este hallazgo. Mientras que la mayor parte de la IED greenfield en ALC se destina a actividades de producción central como la manufactura y la extracción, la IED de EE. UU. se destaca por su presencia desproporcionada en funciones de mayor valor: actividades corporativas estratégicas, I+D de preproducción y actividades de postproducción como marketing y servicios posventa (véase la figura 9).
Ascenso en las Cadenas Globales de Valor
Estas son las actividades que impulsan la transferencia de conocimientos, difunden las mejores prácticas de gestión y anclan los ecosistemas de innovación locales; y Estados Unidos lidera a cualquier otro origen importante de inversores en el despliegue de capital allí. Para las economías de ALC, atraer inversiones en estos segmentos es fundamental para mejorar su posición en las cadenas de valor globales y mover a las empresas nacionales hacia una producción de mayor valor.
Figura 9: Distribución de la IED greenfield por función en la cadena de valor en América Latina y el Caribe
Comparativa del capital desplegado en actividades de alto valor agregado según el origen del inversor (2016–2025)
En lo que respecta de forma específica a la Investigación y Desarrollo (I+D), el panorama general sigue siendo poco alentador. Entre todos los orígenes de inversores, solo el 1,37 por ciento del gasto total de capital (CAPEX) de proyectos greenfield que fluyó hacia América Latina y el Caribe entre 2016 y 2025 se destinó a actividades de I+D; una cifra muy por debajo, por ejemplo, del 3 al 4 por ciento que los inversores de EE. UU. y la UE asignan a I+D en sus portafolios globales. La región aún no está capturando una cuota justa de la inversión en innovación que estas empresas despliegan a nivel mundial.
Sin embargo, dentro de ese total restringido, Estados Unidos se posiciona de forma destacada (véase la figura 10). Los inversores estadounidenses destinaron el 2,49 por ciento de su inversión en ALC a I+D, por mucho la proporción más alta de cualquier origen de inversor principal: casi el doble del 1,26 por ciento de la UE, y más de tres veces el 0,68 por ciento de China.
Liderazgo en Inversión de Capital para Innovación
En términos absolutos, la inversión estadounidense en I+D en América Latina y el Caribe alcanzó los USD 6.400 millones durante este periodo, superando a cualquier otro país o región de origen.
Figura 10: Porcentaje del gasto total de capital (CAPEX) de IED greenfield destinado a Investigación y Desarrollo (I+D) en ALC (2016–2025)
Proporción de capital enfocado en actividades de innovación según el país/región de origen del inversor
El sector de dispositivos médicos en Costa Rica ofrece una ilustración clara de cómo la inversión estadounidense en I+D genera efectos indirectos (spillovers) de innovación duraderos en ALC. Albergar más de cien empresas multinacionales de tecnología médica ha permitido a Costa Rica evolucionar de una base de manufactura a un centro de I+D, donde aproximadamente el 40% de las firmas de dispositivos médicos que operan en el país participan hoy en actividades de investigación y desarrollo.
Tan solo Boston Scientific opera una división de I+D en Costa Rica con más de 300 profesionales. El resultado es un ecosistema autosostenible: las firmas estadounidenses introdujeron la manufactura, luego la avanzaron hacia el diseño y la I+D, elevando consigo a proveedores locales, universidades y redes de talento. Los dispositivos médicos son hoy la principal categoría de exportación de Costa Rica, generando USD 8.700 millones en exportaciones en 2024, con Estados Unidos como principal destino.
Conclusión de Impacto para la Región y Washington
Para los gobiernos de ALC, la inversión de EE. UU. representa una fuente confiable de innovación, y diseñar políticas que profundicen y extiendan esos efectos indirectos es una de las inversiones de mayor retorno que pueden realizar.
Para Washington, el liderazgo en I+D de las firmas americanas en ALC demuestra que la inversión estadounidense impulsa no solo intereses comerciales, sino el objetivo más amplio de construir un hemisferio donde la capacidad de innovación se concentre entre socios alineados. Ambas conclusiones apuntan en la misma dirección: hacia políticas que sostengan, profundicen y amplíen la huella de inversión estadounidense en América Latina y el Caribe.
Capitalizar la Inversión de EE. UU. en ALC
Implicaciones de política para el Gobierno de EE. UU.
Para los tomadores de decisiones estadounidenses, este informe ofrece tanto una validación como una advertencia. La validación es que Estados Unidos es el mayor inversor extranjero greenfield en ALC por un amplio margen, con décadas de relaciones comerciales y presencia del sector privado abarcando virtualmente cada sector de la economía regional. Esa amplitud es un activo estratégico. La inversión de EE. UU. genera más empleos, más efectos indirectos de I+D y más encadenamientos productivos que cualquier inversor competidor, y lo hace a través de un modelo difuso y guiado por el mercado que los competidores estatales no pueden replicar fácilmente.
La advertencia es igualmente clara. En términos absolutos, la inversión estadounidense está abrumadoramente concentrada en México, Brasil y Guyana. Pero incluso cuando se mide en relación con el PIB, emerge un problema más preciso: varias de las economías más relevantes estratégicamente en el hemisferio —incluidas Perú, Chile y Argentina, países con significativas reservas minerales, clases medias crecientes y una sólida alineación política con EE. UU.— reciben inversión privada estadounidense muy por debajo del promedio regional en relación con su tamaño económico. Más allá de un reflejo de la lógica del mercado, es una brecha entre el destino del capital privado de EE. UU. y el lugar donde los intereses estratégicos estadounidenses requieren inversiones más profundas.
China, mientras tanto, ha convertido a la minería en su mayor categoría de inversión en ALC y está construyendo presencia logística e infraestructura en estos mismos mercados. En manufactura automotriz y no automotriz, así como en minería, la brecha competitiva entre la inversión estadounidense y la china se está reduciendo. La base del liderazgo económico hemisférico de EE. UU. es sólida, pero no autosostenible. Mantenerla requiere decisiones de política deliberadas.
Recomendaciones para el Gobierno de EE. UU.
- 1. Movilizar inversiones a través de más geografías y sectores estratégicos: Desarrollar una estrategia coordinada de inversión en ALC que fije metas geográficas y sectoriales específicas entre agencias gubernamentales, incluidas la DFC, Ex-Im Bank, US Commercial Service, USTDA, Millennium Challenge Corporation y el Departamento de Estado. Priorizar economías estratégicamente significativas pero desatendidas en relación con su PIB, como Perú, Chile y Argentina, así como las economías de América Central. La DFC debe aprovechar la experiencia regional y el capital del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y BID Invest para movilizar capital de manera más eficiente.
- 2. Incentivar la creación de cadenas de valor de minerales críticos en ALC: La retirada estadounidense de la minería representa una de las desalineaciones más agudas entre la retórica y el despliegue de capital. La ventaja competitiva de EE. UU. radica en la industrialización y no solo en la extracción. El gobierno de EE. UU. debe utilizar la DFC y el Ex-Im Bank para financiar no solo proyectos de extracción, sino instalaciones de procesamiento posterior, refinación y manufactura de componentes en ALC, transformando recursos minerales en capacidad industrial que sirva a las cadenas de suministro de EE. UU. y al desarrollo regional.
- 3. Sostener y acelerar la inversión en infraestructura digital de EE. UU.: Prevenir que competidores no hemisféricos posean o controlen activos estratégicamente vitales en el hemisferio. La infraestructura digital (centros de datos, plataformas en la nube y redes de telecomunicaciones) define la arquitectura de seguridad y gobernanza de datos futura. El gobierno de EE. UU. debe utilizar sus instrumentos financieros para reducir la diferencia de costos entre las ofertas digitales estadounidenses y chinas en mercados de ALC desatendidos.
Implicaciones de política para los Gobiernos de ALC
Los hallazgos de este informe dejan en claro que la inversión de EE. UU. en ALC no es monolítica ni se distribuye de manera uniforme. Las diferencias entre países no son primariamente una función del tamaño del mercado o la dotación de recursos, sino de la política pública. Los gobiernos de la región pueden transitar activamente hacia una mayor atracción de capital estratégico mediante elecciones deliberadas.
Recomendaciones para los Gobiernos de ALC
- 1. Aprovechar el momento: El entorno de políticas en Washington hacia ALC está más enfocado en profundizar los lazos económicos hemisféricos de lo que ha estado en décadas. La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 y la Reunión Ministerial de Minerales Críticos de febrero de 2026 reflejan esta intención. Los gobiernos de ALC deben interactuar proactivamente con instrumentos como la DFC, USTDA y Ex-Im Bank, presentando propuestas de proyectos bien estructuradas, respaldadas por marcos regulatorios creíbles y términos de inversión claros.
- 2. Desarrollar políticas sectoriales de atracción de inversión basadas en ventajas comparativas: Evaluar honestamente qué tipo de inversión de EE. UU. se está en capacidad real de atraer según el tamaño del mercado, recursos y habilidades laborales. Replicar el modelo de Costa Rica mediante apuestas deliberadas en sectores específicos (como dispositivos médicos y servicios tecnológicos), reduciendo los costos de información y transacción mediante agencias de promoción de inversiones enfocadas en el desarrollo de proyectos y la gestión bilateral directa.
- 3. Competir en calidad institucional para atraer inversión orientada a la eficiencia: La inversión orientada a la eficiencia genera los mayores retornos de desarrollo, pero es la más sensible a la calidad del entorno de inversión. Competir en calidad institucional exige priorizar marcos de protección de la propiedad intelectual, regímenes fiscales transparentes y estables, mecanismos creíbles de resolución de disputas y sistemas de gobierno digital que reduzcan la burocracia en licencias y permisos.
Los autores expresan su sincero agradecimiento a Carlos Daniel Jiménez y Saúl Pineda de la Universidad EIA en Colombia, por su alianza de investigación y su extenso análisis de datos. Asimismo, un agradecimiento especial al Consejo de Empresas Americanas (CEA Colombia) y a las Cámaras de Comercio Americanas (AmChams) en Colombia, Brasil y Chile por sus aportes y valiosas perspectivas sobre la inversión de EE. UU. en sus respectivos países. Además, un agradecimiento especial a Jason Marczak, Ignacio Albe y Enrique Millán-Mejía por su orientación y asistencia editorial. Los autores también desean agradecer a Coca-Cola Latin America por su apoyo a este proyecto.
Este informe fue redactado y publicado de acuerdo con la política sobre independencia intelectual del Atlantic Council, la cual exige que todos los donantes acepten que el Consejo mantenga el control independiente del contenido y las conclusiones de su trabajo. Los relatores son los únicos responsables de este análisis y sus recomendaciones.